En las proximidades de Sierra Nevada, moteado por diminutos pueblos encalados en blanco se encuentra la Alpujarra Almeriense, tierra de la que fueron expulsados los moriscos manu militari.
El río Andarax, que nutre de agua la comarca, compone un fértil valle en dónde crecen huellas y parrales en contraste con las faldas agrestes de la Sierra de Gádor. La impresionante variedad cromática se muestra en la época de florecimiento del almendro y del cerezo, tiznando los paisajes de una amplia gama cromática.
En los pueblos, que arañan las laderas mirando al sur percibiendo en la lontananza el mediterráneo, podemos ver campos de cultivo que suben por las laderas de la montaña, en forma de terrazas que son alimentadas con agua por las acequias y que nos llevan a las frías cumbres de Sierra Nevada. El agua se convierte en maná en la Alpujarra que está bañada por los ríos, fuentes y manantiales de los cuales se quedaron prendados los musulmanes.
Su arquitectura, con más concomitancias con la norteafricana que con la del resto de Andalucía, hace de la Alpujarra un lugar único.
Su paisaje, que se encuentra lleno de almendros, parralles y árboles lo convierte en un edén vegetal. Fue la última zona en la cual habitaron los moriscos y nos permite hoy en día encontrarnos en un paraíso de lanaturaleza en la cual encontraremos a unos habitantes hospitalarios con el foráneo lo cual es otro plus a nuestra estancia en estas tierras.
La mayor parte de las poblaciones que podemos encontrar en La Alpujarra provienen de la época en la cual Al – Andalus estuvo en todo su esplendor ya que etapas anteriores, por los restos prehistóricos e históricos que han sido hallados, la densidad de población no fue muy alta ni siquiera durante el periodo romano.
Muchos de los hitos, como el cultivo en bancales, el urbanismo y la arquitectura, proceden de la herencia islámica. Los topónimos de muchos pueblos nos hablan de esa presencia durante más de siete siglos. Algunos califas granadinos, como El Zagal o Boabdil pasaron por sus tierras.
Los últimos habitantes de religión musulmana que habitaron estas tierras fueron los moriscos que, como resultado del descontento ocasionado por el trato que recibían, organizaron varias asonadas como la que se produjo en el año 1.500 cuando en la mezquita de Laujar de Andarax fue incendida con habitantes moriscos en su interior.
En 1.568 una nueva revuelta liderada por el morisco Aben Humeya hizo correr la sangre por las Alpujarras, siendo la batalla más relevante la de Guarros, cuando las tropas cristianas acabaron con 4.000 moriscos.
Hasta la implantación en esta comarca de industrias mineras y el cultivo de la llamada uva de Ohanes, ambos hechos sucedidos en el siglo XIX, esta comarca no volvió a tener la pujanza de antaño, y a partir de ese momento los bancales volvieron a estar reverdecidos y pujantes de colorido.