Localizada entre los ríos Tinto y Odiel, la población de Huelva se remonta a épocas prehistóricas, con asentamientos Paleolíticos y Neolíticos, aunque concretamente es en la Edad del Bronce cuando comienzan a existir abundantes testimonios en la región, mayormente relacionados con la civilización tartésica, que con posterioridad se mezclan con indicios de la cultura fenicia y luego griega.
El contacto con estos pueblos del Mediterráneo oriental significó en la práctica un fuerte cambio en las condiciones culturales de la sociedad tartésica, que atravesó de esta manera un abrupto proceso de orientalización, algo que puede observarse claramente en la necrópolis denominada "La Joya". Aunque la trascendencia de la civilización tartésica fue mucho más allá de la península ibérica, esta relación con las culturas mencionadas marcará un antes y un después en su historia.
Durante el período romano, la actividad humana en esta zona se circunscribió a la región comprendida entre los ríos Betis (Guadalquivir) y Anas (Guadiana), y se hallaba habitada por los "celtici". Huelva es incluso citada por Plinio y Ptolomeo como "Onuba Aestuaria", una localidad en la que incluso se acuñó moneda. En tanto, del período visigodo prácticamente no han quedado rastros, aunque sin dudas la ciudad más importante de la comarca en ese momento fue Niebla (Elepla), que llegó a ser sede episcopal.
Hacia el año 713, las tropas musulmanas toman la ciudad y la llaman Welba, pasando a formar parte del reino de taifa independiente, en manos de la dinastía de los "Bekries". El dominio musulmán concluyó luego de la conquista de Niebla en 1262 por Alfonso X el Sabio.
Sobre 1450 se transforma en parte del señorío ducal de Medina-Sidonia, una situación que se mantiene hasta mediados del siglo XIX. Pero es sobre finales del siglo XV cuando ocurre en estas tierras uno de los hechos históricos más importantes de todos los tiempos. En el Monasterio de la Rábida, Fray Juan Pérez y Fray Antonio de Marchena se transforman en propulsores de los proyectos de Cristóbal Colón. Las Carabelas, los capitanes y prácticamente todos los marineros implicados en la gesta que concluirá en 1492 con el descubrimiento de América pertenecen a la región. Además, desde el puerto de Palos de la Frontera parte la expedición descubridora el 3 de Agosto de 1492.
En el siglo XIX la villa es nombrada capital de la provincia homónima, en la división administrativa de Javier de Burgos. En 1873, además, la compañía inglesa "Matheson y Cía" adquiere las Minas de Río Tinto. Esto marcará un punto de inflexión en la historia local, ya que se concreta la construcción del ferrocarril para el transporte del mineral, se construyen muelles y se moderniza en general la infraestructura de la zona.
De esta manera, se lleva a cabo un impresionante crecimiento demográfico, motorizado por la incorporación de obreros y la llegada a la zona de un número considerable de familias inglesas que establecen sus negocios en la ciudad. Lógicamente, esto será un hecho cultural que transformará para siempre la idiosincrasia de la región.
Se realizan nuevos edificios para poner a tono a la ciudad frente a su crecimiento, desarrollándose además en la localidad los actos conmemorativos del IV Centenario del Descubrimiento de América. El último gran hito histórico lo marca la instalación, en 1964, del Polo de Desarrollo Industrial. El mismo será el motor de la economía onubense en el último período, provocando que la población trepe de 75.000 habitantes en 1960 a 140.000 habitantes en 1990.
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