Rosal de la Frontera forma parte de la denominada Mancomunidad de Municipios de la Sierra Occidental de Huelva, ubicada en el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, con un territorio muy extenso de 184.000 hectáreas, aunque poblado en un escaso porcentaje de su extensión.
Este pueblo se reconoce por la tranquilidad de sus simpáticas callecitas. Se destaca en el mismo la iglesia de San Isidro Labrador, que cuenta con una valiosa virgen, que data del siglo XVIII.
En un medio día en este sitio el turista puede aprovechar para disfrutar de la divina costumbre del tapeo: probará cómo los rosaleños se sienten andaluces pero también cercanos a lo portugués. Allí se siente esa doble identidad hasta en la comida: el bacalao lo preparan típicamente como en el país vecino pero se le agrega – por su aroma que llega a todos los rincones– el jamón ibérico o jamón de Jabugo, porque este pueblo es uno de los que lo elabora.
En Rosal de la Frontera hay tierras de cultivo, prados y dehesas, tan llanos que parecen poner en duda que se trate de un pueblo de la sierra occidental de Huelva, el más serrano, aunque sólo esté a 216 metros sobre el nivel del mar. Alrededor de Rosal de la Frontera hay mucho para ver: el monumento megalítico de la Pasada del Abad y el yacimiento arqueológico del cerro del Castillo, de origen celta, son algunas posibilidades.


